
Diez años después de su último trabajo en estudio, la banda liderada por los ex-V8, Alberto Zamarbide y Miguel Roldan, vuelve a lanzar un disco con diez nuevos temas: "Plan para la destrucción mundial"
Por Agustín Di Mauro
Es difícil encontrar hoy por hoy una banda que sea considerada la descendiente directa del motor que encendió la llama del Heavy Metal en nuestro país: V8. Mientras Ricardo Iorio se dedica a sepultar el pasado y sublimar el presente con Almafuerte, Gustavo Rowek se ocupa de mostrar su nueva pose alternativa con Nativo y Osvaldo Civile nos mira desde el mas allá, Alberto Zamarbide y Miguel Roldan, que si
bien han dado un giro de 180 grados a su visión existencial, siguen manteniendo la estética y el estilo musical de antaño. Esta vez la formación se completa con Walter Scasso, ex-bajista de Cruel Adicción, y Marcelo Ponce, ex-baterista de Nepal.
Luego de varios meses de trabajo, presentan oficialmente en diciembre de 2006 Plan Mundial para la Destrucción, trabajo en estudio que nos llega por medio del sello Icarus Music y que cuenta con diez temas compuestos en su mayoría por Miguel, Roldan, también productor del disco, y la colaboración de Zamarbide. Con letras que apuntan mas a lo social que a lo religioso, según el mismo Beto, lo que intentan es remarcar que la crisis del ser humano responde a un plan, “no solamente porque se fabriquen más misiles, sino por la marginación a gran escala; hay gente que directamente está excluida del sistema. El plan es mundial y ataca a los jóvenes de todo el planeta”, apunta apocalíptico el ex-V8.
El primer corte del disco es “Viaje a la realidad”, un tema bien a lo Logos, que mantiene la esencia de los anteriores discos; con un Zamarbide encendido en sus líneas vocales y un Roldan que detona con sus bases rítmicas es el tema perfecto para abrir el disco que tanto esperábamos: potente, veloz y con un gran mensaje que advierte sobre “un mundo maniatado en la pobreza”.

Los cuatro vaticinadores del final: Scasso, Ponce, Zamarbide y Roldan
“Darse Cuenta” es un track que larga con un machaque un tanto chabacano y unas voces televisivas que se escuchan de fondo, técnica a la que ya se recurrió con anterioridad. Una declaración que busca despertar conciencia a favor de la vida y en contra de la indiferencia ante la muerte diaria. A continuación “Solo una vez más” comienza serenamente con un arpegio y unas melódicas líneas vocales para arrancar a los 30 segundos con un riff bien duro pero con un mensaje que se haya en las antípodas de lo que predicara Zamarbide en los inicios de su carrera con V8: “Nuestras vidas, ¿de qué sirven si no existe amor?”, reza el pegadizo estribillo.
El cuarto corte, “Esclavos de sus mentes”, de seguro será uno de los más coreados en vivo. La buena intervención de Ponce y Scasso hacen de este un tema con una base enérgica que mantiene la fuerza y no baja la guardia en ningún momento; uno de los mejores del disco y el más ganchero sin ninguna duda. “Dejando atrás” es uno de los temas mas pesados del disco, monótono en el tiempo va derecho y termina abruptamente para dar paso a “Lucha por lo que tú crees”, una especie de balada que recién toma fuerza a la mitad de la pista y que posee un mensaje en defensa de los propios ideales; uno de los mas aburridos del disco a mi parecer.
El disco vuelve a tomar fuerza con “Rescatando lo perdido”, un buen tema en lo musical que vuelve a hacer alusión a la cuestión espiritual como en el primer disco, brindando una mirada cristiana de la muerte de Jesucristo. Al respecto Zamarbide aclara que no son una banda de rock cristiano, que “solo son cristianos que hacen rock pesado”. El corte que le sigue, “Son tiempos violentos”, es unos de los temas más potentes, y comienza con una introducción que hace recordar a los riffs del malogrado Dimebag Darrell, de Pantera, para que la hinchada cabecee en vivo y acompañe con los puños cerrados en alto. Dicha pista es utilizada como cortina musical del programa Tiempos Violentos, que conduce Gustavo Olmedo por la Rock and Pop.
Con “Plan mundial para la destrucción”, la banda pisa el acelerador y no lo suelta hasta el final del tema, remarcando una vez mas el mensaje de advertencia. Si bien es el que le da nombre al disco, es un tema más dentro de la nueva producción, el cual no tiene elementos que se destaquen. Finalmente, “Ilumina mi ser” es un corte de medio tiempo donde la banda vuelve a hacer alusión a la religión y parece dar testimonio de su pasado oscuro y la salvación al haber sido “iluminados por la luz del Señor”. Un tema que no deberían haber incluido porque le baja el nivel al disco y que de seguro no harán en vivo porque aburrirían hasta al más encendido seguidor.
En síntesis, un trabajo rescatable que marca el esperado y necesario regreso de Logos a las bateas; un trabajo que solo alcanza a cubrir lasdonde se hace más hincapié en la esfera de lo social y se mantiene el rumbo musical marcado desde un comienzo, solo que esta vez aspirando modernizar el sonido e intentando demostrar que “para ser un metalero no hace falta ser una ruina”.
CALIFICACIÓN: 7

El Beto predicandole el Heavy Metal de la salvación a sus fieles en el Gesell Rock
