
El pasado 5 de mayo Motörhead llegó a Córdoba para hacer un gran despliegue de fuerza, garra y energía, para de esta manera aplastar con una tonelada de equipos los oídos de los cordobeses.
Corresponsal y fotógrafo: Layon “King” Rodríguez I
(lacajitafelix@gmail.com)
Redacción: Agustín Di Mauro
Hacía ya tres años que la legendaria banda inglesa se había presentado en nuestra ciudad, fue aquel domingo 30 de abril, donde en la Vieja Usina se convocaron cerca de 3000 personas. Esta vez, Motörhead llegaba para presentar su último trabajo en estudio, Kiss of Death, en el marco de la gira sudamericana, pero en Palm Beach y ante un marco mucho menor de público... el excesivo precio de las entradas fue el motivo principal.
Eran aproximadamente las 21 horas y el público comenzó a hacer una larga cola a lo largo del Boulevar Las Heras, a pesar de la incesante llovizna y del intenso frío que hacía afuera del local. En las inmediaciones se podía observar un gran despliegue policial, ya que en la calle que divide Palm Beach y el Complejo Viralo, se hacía imposible ingresar por las vallas instaladas por la gente de seguridad con el fin de cuidar el equipo electrógeno que estaba a la intemperie. Todo indicaba que se iba a presenciar un show potente.
Finalmente no hubo bandas soportes como se había escuchado en algún medio radiales, y siendo las 22:10, con poco más de mil espectadores ansiosos, se presentó Lemmy Kilmister diciendo repetidas veces: “Griten”. Así fue que empezó una inolvidable noche de la mano del mítico trio, tal como la vez anterior, con el cantante y bajista como único miembro original.

Antes de comenzar con cada tema, Lemmy hacía una introducción aclarando un poco el origen de cada uno de ellos; sin embargo, a pesar de su investidura de procer de la música pesada, él no fue la única estrella sobre el escenario: Michael Mickkey Dee se levantaba de su banqueta para dar señal de que no escuchaba al púlbico, para luego ejecutar su clásico solo de varios minutos en Sacrifice, que a más de uno dejó boquiabierto y con los puños en alto.
Se pudo observar un constante cambio de instrumentos, pero lo que más sorprendió fue cuando Lemmy y el guitarrista Phil Campbell lucieron sus instrumentos signatures rojos, que lucían una terminación en forma de llamas. La euforia desatada por parte del público minuto a minuto, dio una buena señal para que luego de que Kilminster dijera “esta es la última canción”, siguiesen tocando el acústico Roadhouse Blues, sonde hizo parar al guitarrista Phil Campbell de su silla.
En el show en vivo se presentaron pocos temas nuevos, ya que los Motörhead le dieron mayor protagonismo en su repertorio a los grandes clásicos de la banda, como por ejemplo Metrópolis, Sacrifice, Overkill, Ace of Spades, Killers, Another Perfect Day, entre otros. Sí, después de 32 años de carrera, Motörhead tiene estado físico para tocar un poco más de una hora y media.

